Ana Amado, madrina del Concurso de Portavoz 2026, presenta una mirada contemporánea sobre cuerpo, ciudad y arquitectura. Su trabajo, que combina fotografía, vídeo y danza, se sitúa en la intersección entre lo artístico, lo social y lo político.
Una exploración del cuerpo en el espacio urbano
Las imágenes presentadas pertenecen, en primer lugar, a la serie “Cenotafio”, un proyecto que recoge una serie de acciones de danza protagonizadas por las bailarinas Natalia de Val, Celia Elhazaz y Julia Nicolau. Realizado en distintos espacios emblemáticos de Madrid, el proyecto investiga la relación entre el cuerpo, especialmente el cuerpo femenino, y el entorno urbano.
A través del lenguaje del breaking, tradicionalmente asociado a códigos masculinos, Ana Amado plantea una relectura contemporánea que cuestiona los límites impuestos a la corporalidad femenina. La hibridación entre danza urbana y danza contemporánea permite así explorar nuevas formas de expresión e identidad.
Las intervenciones tienen lugar en escenarios simbólicos de la capital, la Gran Vía, la azotea de Torres Blancas, la plaza del CaixaForum o la pasarela de Arganzuela en Madrid Río, espacios entendidos como “espacios de poder”, donde el cuerpo de la mujer se reapropia de un lugar históricamente restringido. La pieza audiovisual resultante, acompañada por la composición musical de Anna Otta, construye una atmósfera inquietante que refuerza esta tensión entre presencia, ausencia y reivindicación.
Revisitar la arquitectura moderna
El resto de las fotografías forman parte del proyecto “Hipódromo Revisited”, en el que Ana Amado continúa su investigación sobre la relación entre cuerpo, arquitectura y memoria visual. En esta serie, la artista dialoga con la arquitectura moderna madrileña, reinterpretando espacios icónicos desde una mirada contemporánea.
Como destaca el arquitecto y fotógrafo Iñaki Bergera, la propuesta de Ana Amado va más allá de la simple reinterpretación: rinde homenaje tanto a las obras arquitectónicas como a quienes las imaginaron y documentaron. Al confrontarlas con una nueva sensibilidad visual, establece un diálogo entre pasado y presente, liberándolas de su imagen histórica. En palabras del propio Bergera: «El resultado (del trabajo de Ana) es un sugerente viaje en el tiempo, el de hoy, a unas arquitecturas que, gracias a su mirada, dejan de ser de ayer para desbordar su atemporalidad.»